Análisis de Assassin’s Creed Unity

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A entrega por año, la saga Assassin’s Creed ha ido desgastándose de forma muy acusada, con dos episodios anteriores que eran un claro ejemplo del inmovilismo y falta de innovación en la franquicia. En esta ocasión, el escenario escogido es una París convulsionada en una de las revueltas más famosas de la historia de la humanidad: la Revolución Francesa.

Al grito de libertad, igualdad y fraternidad, nos abriremos paso por las calles parisinas respirando la revolución e investigando el escenario más extenso de la saga, gracias a la potencia de las consolas de nueva generación para las que ha sido desarrollado Assassin’s Creed Unity. Sin duda, era una ocasión de oro para apostar por la renovación de la serie, pero mucho nos tememos que el trabajo de Ubisoft no ha estado a la altura de las espectativas.

El contexto histórico de la Revolución Francesa ha sido reclamado insistentemente por los fans de la saga, quienes ahora pueden jugar a la particular visión de este episodio desde el prisma de la lucha entre asesinos y templarios. Tenemos una ciudad de generosas proporciones para investigar -especialmente en su verticalidad, aunque más allá de subir al punto más alto de la construcción de turno, no hay nada más-, se han introducido más elementos en pantalla -con un acusadísimo popping-, un nuevo sistema de ilumación, un combate y parkour más sencillo de ejecutar -arrollados por una caída de tasas de imágenes vergonzosa-, cooperativo online y una mayor personalización. Puede parecer que podemos encontrar tantas de cal como de arena, pero las deficiencias del juego y su falta de innovación dan al traste con el programa entero.

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A pesar del periodo histórico en el que transcurre el juego, la trama de Assassin’s Creed Unity es bastante irrisoria. Tenemos al protagonista del juego, Arno Dorian, un asesino que, como todo el credo, vive por y para destruir a sus eternos enemigos, los Templarios; una chica que conquistará el corazón de Arno; un villano ridículo; un Napoleón de presencia anecdótica -y con un terrible doblaje por parte del televisivo Christian Gálvez-; una narrativa pobre y una interpretación un tanto libre de la Revolución Francesa. Sinceramente, Unity resulta bastante decepcionante en este aspecto.

La ambientación del juego hace uso de los parches de siempre de la saga: emplear arquitectura de la época y llenar las calles de PNJ clónicos con el atuendo que encaja con el contexto histórico correspondiente. Ahora hay más eventos aleatorios, como sacerdotes apaleados por las calles, quemas de libros o ejecuciones en la temida guillotina. Nunca antes habíamos visto tantos personajes en pantalla en un juego de Assassin’s Creed, todo gracias al mejorado hardware de las consolas de nueva generación, pero vaya, el popping resulta muy llamativo y con facilidad aparecen y desaparecen árboles, estructuras y hasta personajes, incluso a distancias medias.

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El parkour en Assassin’s Creed IV sufrió de una automatización y simplificación que en Unity va más allá: tenemos muchos más puntos de agarre, opción de escalar en diagonal y unos descensos más dinámicos y no tan tediosos como antaño. Por supuesto, las atalayas siguen existiendo por doquier en todo París. Movernos por las calles también se puede hacer con más agilidad, ya que podemos deslizarnos por debajo de objetos o atravesar ventanas, mientras que para largas distancias tenemos el recurso del viaje rápido -nada de transportes que nos hagan perder más tiempo del necesario-. El combate sigue el esquema de siempre, donde el contraataque tiene un papel fundamental para salir airosos de los enfrentamientos contra los enemigos, que vuelven a repetir su tipología y armamento -los más corrientes equipados con espadas, lentos con hachas y fusileros-. El manejo sigue con las imprecisiones de siempre, que pueden provocar caídas accidentales, algún momento engorroso en mitad de una trifulca o echar al traste una misión de sigilo.

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La duración de la campaña de Assassin’s Creed Unity está en la media del resto de episodios de la saga, con unas 15 horas que se pueden extender a costa de la recolección de coleccionables que debemos encontrar mientras exploramos París, así como a otra serie de misiones y desafíos, como la distorsión Helix, asesinatos sin resolver o los enigmas de Nostradamus. Por supuesto, está el novedoso cooperativo que permite jugar de dos a cuatro personas en la misma partida -aunque también podemos jugar en solitario si lo deseamos-. Esta modalidad consiste en 20 misiones que abarcan desde asesinatos hasta robos, pasando por niveles de escolta. La verdad es que este modo se queda a medio gas, ya que como vemos no resulta muy llamativo, y para quien se lo esté preguntando, no, no es posible jugar la campaña junto con un amigo. Por supuesto, no me olvido de los micropagos introducidos en el juego, sin ton ni son.

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A nivel técnico, ya os comentábamos que este Assassin’s Creed puede presumir de tener la ciudad más grande y abarrotada de toda la franquicia, pero la estabilidad del frame rate es terrible, ya que nunca se mantienen los 30 fps constantes y habrá ocasiones con caídas muy acusadas. También tenemos problemas de popping, incluso en distancias medias, otros tantos de clipping, zonas de carga frecuentes, bugs… Y no son contrariedades puntuales, pues afectan de forma muy negativa a la fluidez del juego. Si entramos a calificar las animaciones de los personajes no jugables, tenemos movimientos poco naturales y una aún pésima recreación del pelo para todos los modelados del programa. Respecto a la banda sonora, aporta los compases apropiados para la revolución, aunque no hay piezas que vayáis a recordar; el doblaje es de la calidad habitual, pero resulta inexplicable el tratamiento dado a Napoleón Bonaparte, no solo como personaje -con un papel ínfimo-, sino también al doblaje realizado por el presentador de televisión Christian Gálvez, el cual resulta el peor de todas las voces que podemos escuchar en Unity: ¿a quién se le ocurriría la atroz idea de doblar a una de las figuras más icónicas de la historia de la humanidad con semejante tono de voz?

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Assassin’s Creed Unity es el reflejo de una saga agotada y que pide aires de renovación a gritos. Muchos coincidirán conmigo en que Revelations fue el punto álgido de la franquicia, y que desde esa entrega, la IP ha ido perdiendo fuelle, reincidiendo en una misma mecánica jugable únicamente maquillada con la mascarilla histórica de turno. En el apartado técnico, Unity parece un juego que aún necesitaba de más meses de desarrollo, y cuyas deficiencias inciden directamente en la jugabilidad, algo imperdonable. A esto hay que sumar el inmovilismo del núcleo del programa, con una mecánica agotadísima, un guión insiginificante y un protagonisma sin gancho. Está claro que Ubisoft debe dar algo de tregua a la Hermandad y preparar mejor su próxima batalla -si es que no tiene en mente darle el relevo con Watch Dogs-.


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