Review Dark Souls II

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Todos vamos a morir, pero solo unos pocos son capaces de soportar penurias y torturas que transforman en puro placer al jugar a Dark Souls II, programa que sabe llevar un paso más allá aquella tortuosa y masoquista experiencia que fue el germen de todo este dolor: Demon’s Souls. El recreo en el pesar de cada derrota se ve espoleado por lo que se aprende cada vez que nuestra espada se clava en el suelo y nuestro cuerpo se desploma con la vida rendida.

Sabemos que algo maligno y poderoso se esconde tras la densa niebla que sale a nuestro encuentro, pero esa sensación de pavor no hace más que aguijonearnos para continuar con nuestros pasos y hacer frente a aquellas imponentes y atroces entidades que no dudarán ni un instante en seccionar nuestros cuerpos por la mitad, atravesarnos con sus lanzas o arrojarnos al más oscuro abismo.

Las sensaciones al disfrutar del juego corriendo en mi consola han sido un tanto dispares. Hay ciertos matices jugables que se han visto alterados y que pueden considerarse, según qué tipo de perfil gamer, un paso adelante o uno hacia atrás. El reto constante sigue presente y darse de cabezazos con el mismo muro hasta que aprendes a cómo sortearlo también permanece inalterado como requisito para avanzar, aunque el farmeo ha sido modificado para esta entrega: los enemigos dejarán de reaparecer cuando ya los hayamos batido sobre la decena de veces, por lo que aquello de subir niveles a base de aniquilar una y mil veces a los mismos engendros y ganar fortaleza para amenizar la marcha sobre los recuerdos de nuestro propio cadáver, se acabó. Ojo, esto no implica que vayamos a encontrarnos con un camino de rosas, la dificultad característica de la saga nos seguirá hacer sudando sangre, pero este cambio puede resultar hasta un alivio en ciertos tramos del juego.

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Otras novedades con respecto al anterior Dark Souls pasan por toparnos con un mayor número de hogueras esparcidas por el mapa y poder teletransportarnos por el mismo desde un principio a nuestro libre albedrío. Y aunque todo esto parezcan bondades con las que hacernos más fácil nuestras desgarradoras hazañas, no os dejéis engañar: Dark Souls II puede ser, fácilmente, el episodio más duro de los tres Souls. Tanto, que en ocasiones vamos a necesitar de algún alma caritativa para ayudarnos a superar a ciertos jefes finales nacidos en algún recóndito infierno virtual, frutos de la unión de la desesperación y la cólera… o de la mala hostia de los diseñadores  que seguramente estarían dibujando pérfidas sonrisas mientras esbozaban dónde iban a caer más almas.

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Otro cambio concierne a la duración de nuestras armas, que como sabéis, podemos llevar hasta dos equipadas. En Dark Souls II su desgaste es más pronunciado y duración más escasa, aunque la contrapartida reside en que su reparación nos saldrá a coste cero cuando descansemos en una hoguera. Y atención, que ahora viene algo bastante sangrante: cada vez que muramos, nuestra barra de vitalidad se irá reduciendo hasta poder acortarse a la mitad, lo que nos obligará a ser muy ingeniosos en los combates y memorizar todas las trampas de los escenarios.

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Y hablando de aquellos, este Dark Souls II parece tener una arquitectura más inspirada en la vista en Demon’s Souls, del que hasta toma prestado su propio Nexo y PNJ con el que debemos hablar para subir nivel. Aquí, los niveles resultan más sencillos de memorizar, con menos recovecos y sin tantas zonas muertas, todo dentro de un mapa con más zonas que en su predecesor -por lo que el uso del viaje entre hogueras será fundamental-, aunque claramente peor interconectado, es más, las estructuras suelen presentar un diseño demasiado arbitrario o incluso de escasas proporciones.

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A nivel gráfico la verdad es que Dark Souls II es decepcionante. No es nada grato comprobar que nos han engañado con lo que aparecía reflejado en aquellos vídeos promocionales chorreantes de hype y que no vais a encontrar en la versión final del juego. Si nos molestamos en hacer comparaciones cara a cara, el resultado es bastante sangrante -especialmente en el texturizado-, y algunos detalles de los escenarios son excesivos: basta con fijarse en la lejanía de los paisajes para ver una textura planísima y de muy mala calidad empleadas a modo de un paupérrimo fondo de cartón piedra que os hará sangrar los ojos y cuestionaros si eso es posible en un juego de renombre en pleno 2014. La iluminación, por su parte, se ha mejorado, y bastante, con respecto a Dark Souls y Demon’s Souls, pero todo, en general, dista mucho de aquellas imágenes en movimiento con las que nos cautivó From Software. Aunque seamos honestos, quien juega a Dark Souls II no lo hace buscando unos gráficos rimbombantes de los que destacar mil y una técnicas de ingeniería de software perdidas entre vocablos técnicos: el verdadero amante de esta saga busca la experiencia de la traición y el dolor. A nivel artístico, destacar lo poco inspiradas que son las criaturas del juego, además de que algunos seres parecen simples variaciones con extremidades de más de otros ya vistos.

El sistema de pactos -ahora llamados juramentos- se mantiene y funcionan de la misma manera que en la entrega anterior; el modo online sigue siendo uno de los pilares fundamentales del programa, donde, como viene siendo costumbre, podemos invadir otras partidas, ser invocados por un señor, solicitar ayuda o repeler a esos incómodos e indeseados espectros asaltantes; para rematar, el juego cuenta con servidores dedicados y las partidas se encuentran más vivas que nunca, aunque volvemos a lo de siempre: no disponer de invitaciones solo para amigos, lo cual me sigue pareciendo muy desacertado el privar a los jugadores de poder elegir con quién compartir sus partidas. Por otra parte, a veces resulta terriblemente tedioso encontrarse con invasiones en cadena, una tras otra, cuando lo único que estás deseando es poder invocar ayuda justo en el tramo de niebla antes de un jefe final y que nunca llega: puedes luchar contra setenta y tres invasores y lo mismo no ves ni una señal de invocación. Y ojo, cuidado con la dificultad de los bosses, que no radica en una IA terriblemente agresiva, sino en que será frecuente tener que medirnos contra tres o hasta seis seres a la vez en un enfrentamiento final -y si a esto sumas los problemas que comentaba sobre el juego en línea, la experiencia es tan tediosa que a la larga te hace perder el interés: From Software debería haber medido mejor la implementación y funcionamiento del juego online-.

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Dark Souls II es una de las experiencias más escabrosas que van a pasar por vuestras manos. No es un juego apto para cualquier gamer y mucho menos para los impacientes. El más incauto pensará que estamos ante una tercera reiteración de aquella maldita fórmula jugable, pero diseccionando el programa nos topamos con que lo que aparentaban ser pequeños cambios, han terminado por redefinir un aroma embriagador a la par que pútrido como las pilas de cadáveres que se formarán tras las mil y una muertes con las que os castigarán injustamente.

Sin embargo, para mí, esta nueva entrega no brilla al nivel de genialidad de los anteriores programas de From Software. Los cambios jugables no entorpecen en absoluto -casi parece que querían mezclar las identidades de Demon’s Souls y Dark Souls-, pero me escuece que nos engañaran con aquellos vídeos, que el apartado gráfico tenga detalles que pueden hacer palidecer a muchos -de hecho, diría que es el que peor acabado técnico tiene de la trilogía-, que sigamos sin poder invitar a amigos o unirnos a sus partidas, que no estén armonizadas correctamente las invasiones y las invocaciones, el absurdo diseño de niveles, la poca inspirada dirección artística… El cambio de dirección no ha sentado bien al juego: el paso de Hidetaka Miyazaki a Tomohiro Shibuya y Yui Tanimura ha sido todo un desastre. Constantemente, he tenido la sensación de que este Dark Souls II parece haber nacido de material desechado del anterior juego, remendado para lanzar un producto que busca seguridad y éxito en una marca comercial consagrada ya por unos masoquistas fans, dando tiempo a From Software para elaborar, con tranquilidad, lo que sería la próxima iteración del “prepárate para morir” en la nueva generación de consolas.

NOTA FINAL 4

PD: desde aquí, agradecer la falta de cortesía y mínima educación a Namco Bandai por las nulas facilidades dadas para analizar el juego para nuestros lectores. Majos.
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2 pensamientos en “Review Dark Souls II”

  1. Increiblemente de acuerdo estoy contigo, Mario.

    Yo añadiría algunos aspectos; Es cierto que la iluminacion ha mejorado muchisimo, pero advierto siertos problemas tecnicos que no acusaba su predecessor, como algunas lentas cargas de texturas, activacion del menu principal, etc., asi como, en ocasiones, un nivel de detalle inferior en algunos decorados. Es totalmente cierto el decepcionante bajón de calidad grafica en el producto final, pero desde luego sigue siendo un mucho mas que digno capitulo Nuevo en la saga de From Software y uno de los mejores videojuegos de fantasia oscura de todos los tiempos.

    Gran analisis con gran sinceridad…como siempre de tu parte.

    Un abrazo.

  2. Muchas gracias por tu aportación, Salva, más viniendo de ferviente fan de esta magnífica trilogía -no puedo esperar a ver cómo será su próximo juego en consolas de nueva generación-. Fíjate que, curiosamente, en Steam han retirado las fotos que había de Dark Souls II y han sido sustituidas por otras con una calidad más cercana a la de consolas. Sea como fuere, bendito sea el Sol.

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